“Romper la cadena” es la respuesta de Alejandro cuando recuerda cómo vio de cerca a su mamá atravesar situaciones de violencia dentro de su hogar. Nunca lo entendió como algo normal; al contrario, esa experiencia lo marcó y lo llevó a preguntarse cómo podía cambiar el rumbo de su vida para que esa historia no se repitiera.
“Es como una cadena que yo le veo, porque creo que eso ha venido y ha afectado a mi entorno familiar, tal vez desde mi abuelo, desde mi papá y ahora quiere vincular a mi persona y a mi hermano. Pero yo creo que es hora de cambiar”, relata.
Con el tiempo entendió que muchas de las situaciones que observó durante su infancia no eran casos aislados. Detrás de ellas existían ideas profundamente arraigadas sobre lo que significa ser hombre: ejercer autoridad, reprimir emociones o asumir que la violencia forma parte de las relaciones. Cuestionar esas creencias se convirtió en una parte importante de su proceso personal.
Fue en ese camino que llegó a la Red de Masculinidades Activas, una iniciativa impulsada por el programa de Masculinidades de Ipas Bolivia. Lo que comenzó con procesos de formación y reflexión se consolidó en siete redes presentes en La Paz, El Alto, Cochabamba, Tarija, Llallagua, Potosí y Sucre, que hoy reúnen a alrededor de 45 integrantes comprometidos con la promoción de masculinidades saludables y la prevención de la violencia sexual y de género.
Como parte de este trabajo, los participantes utilizan herramientas como “Men At Work”, un juego de cartas desarrollado en 2024 que invita a reflexionar sobre proyectos de vida, relaciones saludables, paternidad y los mandatos de masculinidad que pueden limitar esos caminos.
Foto 2: Alejandro Gutiérrez y su compañero, presentando en un medio de comunicación el juego “Men at Work”, diseñado en colaboración con Ipas Bolivia. CORTESÍA.
Para Alejandro, la Red significó mucho más que acceder a información. Encontró un espacio de confianza, diálogo y acompañamiento donde construyó amistades que hoy considera una familia. Además, participa en talleres, ferias y acciones comunitarias donde se abordan temas como la prevención de la violencia, la corresponsabilidad y los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos (DSDR).
Ahora, como representante nacional de la Red de Masculinidades, asegura que liderar significa acompañar y aprender junto a otros jóvenes. “Les enseño, pero a la vez aprendo de ellos”, comenta. Ese proceso también transformó su forma de ver el futuro. “Ha sido un cambio radical para mi vida (…) me encuentro con muchos más objetivos y muchas más metas, de los cuales yo no tenía, pero llegaron a mí”, comparte.
Los cambios que describe Alejandro también se reflejan en otros participantes. Según datos del programa de masculinidades de Ipas Bolivia, el 85 % de los hombres que participaron en procesos formativos mejoraron sus conocimientos sobre masculinidades positivas y equidad de género. Además, el promedio de calificaciones pasó de 68 a 81 puntos, y desde 2014 las iniciativas impulsadas por el programa alcanzaron a más de 127.000 personas mediante actividades educativas y campañas de sensibilización.
La Red de Masculinidades Activas de El Alto es la más joven del país. Alejandro explica que su creación respondió a la necesidad de abrir espacios seguros para adolescentes y jóvenes en una ciudad donde persisten problemáticas vinculadas a la violencia, la desinformación y la falta de oportunidades para dialogar sobre estos temas.
Foto 3: La Red de Masculinidades Activas - El Alto durante una sesión de capacitación para fortalecer el trabajo voluntario y comunitario. CORTESÍA.
Para él, trabajar en masculinidades saludables implica demostrar que ser hombre no significa imponerse sobre otras personas, sino construir relaciones basadas en el respeto, la empatía y la responsabilidad. Por eso, una de las metas de la Red es llegar también a municipios y áreas rurales donde estos espacios todavía son escasos.
“Tenemos que hacer más”, repite, convencido de que cada charla, feria o capacitación puede ayudar a que más jóvenes se pregunten qué tipo de hombre quieren ser.
Alejandro no quiere ser el único referente. Quiere que otros jóvenes lleguen más lejos y construyan sus propios caminos. Porque transformar las masculinidades no se trata solo de cambiar comportamientos individuales, sino de contribuir a comunidades más seguras, relaciones más equitativas y entornos donde todas las personas puedan ejercer sus derechos y vivir libres de violencia.








